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lunes, 7 de julio de 2014

David Torres cerrará las XVI Jornadas Literarias


Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid, ganó su primer primer premio en 1999 (con Nanga Parbat) tras publicar diversos relatos y poemas en las revistas Cartographica, Poeta de Cabra y Ariadna. La novela se convertiría en el título más traducido de Ediciones Desnivel, contando con versiones en francés, polaco e italiano.


 

Al año siguiente y en la misma editorial sale Los huesos de Mallory, escrita en colaboración con Rafael Conde, apasionante biografía del escalador desaparecido junto con el británico Andrew Irvine en el intento al Everest de 1924, que fue muy bien recibido por la crítica.

La novela El mar en ruinas (2005) donde revisita el mito homérico de Odiseo, cosechó algunos encendidos elogios —"Una de las pocas novelas que han logrado arrebatarme el sueño" (Luis Alberto de Cuenca, ABC); "una vigorosa novela que prosigue, con conocimiento fiel de la tradición pero también con imaginativa rebeldía e innovación, la inacabable peripecia del héroe homérico" (Fernando Savater, El País)—, los cuales, sin embargo, no fueron unánimes. Así, Ángel Basanta, de El Cultural, escribió que "la estrategia narrativa no acaba de completarse de forma convincente"; para este crítico, "lo mejor de la novela está en su tono y estilo por su acertada combinación de gravedad, humor y desmitificación".

Robando tiempo a la muerte (2006), libro escrito junto a Sebastián Álvaro, director de Al filo de lo imposible, pretendía, según sus autores, "analizar, desde la perspectiva de una dilatada experiencia de más de dos décadas, los motivos y razones que nos lanzaron a abrazar esta actividad (de aventureros profesionales) intentando transmitir, a través de más de 100 aventuras en todo el planeta, los intensos sentimientos que nos provoca".
La sangre y el ámbar, publicado el mismo año, narra un viaje a Polonia realizado con el pretexto de entrevistar a Stanislaw Lem y que se convierte en un periplo por el país de los grandes acontecimientos históricos y las grandes barbaries.
Además de novelas y libros de viaje, Torres ha publicado recopilaciones de relatos, como Donde no irán los navegantes (1999) o Cuidado con el perro (2002) e incluso un poemario, Londres (2003).
De la novela Punto de fisión (2011), el citado Basanta ha desatacado "la riqueza semántica encerrada en sus múltiples aspectos temáticos, la variedad de asuntos entrelazados en su laberinto de historias, y la diversidad y versatilidad de modelos narrativos empleados".2
En 2004 se convirtió en columnista de El Mundo y desde julio de 2012 tiene el blog de opinión Punto de Fisión en el diario Público.3
Ha trabajado como guionista del programa de televisión de TVE-2 Al filo de lo imposible y como colaborador habitual de las revistas literarias Ariadna, Anónima y La Bolsa de Pipas.
Sus obras han recibido diversos premios, entre los que destaca el Hammett, y han sido traducidas a varios idiomas.

Reside en Madrid y es profesor del centro de estudios literarios Hotel Kafka.

martes, 1 de julio de 2014

Luciérnaga desvela sus dos primeros nombres para las XVI Jornadas Literarias


El artista Miguel Navarro expondrá en La Alhóndiga su serie pictórica "Mar del Norte" con motivo de las XVI Jornadas Literarias que se celebrarán desde el 23 al 27 de Julio.

Miguel Navarro (Valdepeñas, 1935) se hizo artista y librepensador en Bélgica y sólo el azar le devolvió a La Mancha. Ha sido y es uno de nuestros más reputados pintores.

En 1950, siendo un adolescente, se trasladó a vivir con su familia a Ciudad Real. Seis años después, cuando hacía el servicio militar en la localidad madrileña de Leganés, consiguió gracias al capitán médico autorización para ir a Madrid a ser copista en el Museo del Prado. En aquella época los que no habían finalizado Bellas Artes precisaban un permiso para copiar obras del Prado, permiso que Navarro obtuvo de Manuel López Villaseñor, pintor ciudadrealeño que por entonces tenía el estudio en la calle Mayor.
Años más tarde se marchó a París, y, «visto que era insoportable por caro y porque Montmartre ya no era lo que fue», decidió mudarse a Bruselas, mi pequeña patria. 

Era el año 1960. Allí se instaló en una buhardilla de 200 metros cuadrados y «es donde me hice pintor y donde me descubrieron y me apoyaron, sobre todo la crítica. Pero cuando estaba levantando el vuelo cometí la 'torpeza' de regresar a España, porque mis padres estaban muy mayores y a mi padre le pilló un tren al cruzar la vía y casi lo mata. Quería estar con ellos. Además, yo estaba convaleciente de un accidente que tuve en Amberes al caerme de un andamio desde una altura de cinco metros que casi me cuesta la vida; estaba pintando el techo de la casa de un coleccionista de arte muy importante y al caer me destrocé el fémur y el humero».

Cuenta emocionado que uno de los mejores consejos que le han dado en la vida se lo dio René Magritte. "Cuando le conocí y le dije que estaba entusiasmado con su obra me contestó: mon petit garçon, no te fijes en mi. Tengo cualidades por mi antiguo oficio de grafista y de creador de imágenes de publicidad y eso impacta, pero como pintor no soy nada extraordinario, así que te recomiendo que si te fijas en alguien hazlo en Rubens o Rembrandt, que esos sí son grandes pintores".

La obra de Navarro está principalmente en Madrid, Ciudad Real, Murcia, Valencia, Castellón, Bilbao, Bélgica y Alemania, pero, como el mismo dice, «algunas de éstas últimas están en paradero desconocido y acabarán perdiéndose».

Miguel Navarro es un espíritu crítico, que habla sin tapujos, lo que le ha granjeado enemistades. Al propio Navarro no le duelen prendas en reconocer que es muy incómodo incluso para él mismo, cuando más para los demás.

FUENTE: La Tribuna de Ciudad Real
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El escritor, poeta, columnista y crítico cultural, Francisco Gómez-Porro, ofrecerá una ponencia (título aún por determinar) el Jueves 24 de Julio en La Alhóndiga.

Francisco Gómez-Porro es un escritor total. Como periodista, ejerció la crítica teatral y cultural en ABC; fue columnista en la edición de Diario 16 de Castilla-La Mancha; redactor jefe de la revista Kilómetro 0 y subdirector de Añil, Cuadernos de Castilla-La Mancha.


Como poeta tiene publicados los siguientes libros: Para el fuego y el olvido (1983), Fragmentos de épica (1988), La canción infinita (1997), La eterna provincia (2001) y El aliento natal (2005)
Ha dedicado varios volúmenes a estudiar e indagar en la literatura de Castilla-La Mancha: Avena Loca. Miradas y noticias de literatura en CLM (Almud ediciones, 1998), un estudio del paisaje castellano-manchego en la literatura y de cómo a través de éste se vislumbra una identidad política que confirma o justifica la razón de ser regional en el marco de la cultura española.
Posteriormente, el Servicio de Publicaciones de la JCCM le encargó la antología A cielo abierto:narradores de Castilla-La Mancha; y unos años después La tierra iluminada: un diccionario literario de CLM, en 2 volúmenes. Y Pajarito sin colacuentos y poesía infantil en Castilla-La Mancha.
También es autor del volumen de ensayo La conquista de Madrid. Paletos, provincianos e inmigrantes (2000). Ha prologado y seleccionado los textos del libro de Francisco Umbral Los trabajos y los días reunida (2001) y llevado a cabo la edición de la Poesía reunida (2002) de Eladio Cabañero (Ayuntamiento de Tomelloso), así como otros prólogos e introducciones.
En el río muerto es su primera incursión en el terreno de la narrativa.
FUENTE: ABC

jueves, 14 de noviembre de 2013

Sociofobia



La importancia de publicar ensayos que pongan en entredicho nuestra visión de la realidad es mayúscula; si, además, tenemos la suerte de que la obra en cuestión analice y critique elementos que damos por inamovibles, aún mayor. En SociofobiaCésar Rendueles nos brinda una visión desmitificadora de lo que ha supuesto la revolución tecnológica de los últimos años en lo concerniente a progreso social y, sobre todo, establecimiento de vínculos. Esta carencia (o destrucción) de valores que se ha dado con el capitalismo o el neoliberalismo, y que se sigue apuntalando con lo que el autor denomina ciberfetichismo, nos conduce a un estado de apatía que se puede nombrar con el título del ensayo. La sociofobia no sería más que la consecuencia de un consumismo feroz que nos ha conducido hasta un punto de pérdida de referentes sociales, de ausencia de lazos coherentes que nos comprometan con el entorno, de expectativas políticas que vayan más allá de la mera pose, la asistencia ocasional a alguna manifestación o el refrendo de una convocatoria a base de “Me gusta” de Facebook.

La tesis de partida es que la tecnología, lejos de ayudarnos a romper con las dinámicas de aislamiento (social e individual) que el neoliberalismo viene sutilmente imponiendo desde hace décadas, nos convierte en seres más autárquicos y, casi por definición, indefensos.
No nos sentimos interpelados por el doble fracaso del hipercapitalismo y el tercer mundo porque nuestras sociedades se piensan a sí mismas como un entorno reticular al mismo tiempo sutil y denso, con vínculos sociales cuya fragilidad queda compensada por su abundancia. Internet habría hecho realidad así la utopía sociológica del comunismo: un delicado equilibrio de libertad individual y calidez comunitaria, o al menos el sucedáneo que nos puedan proporcionar Facebook y Google+.
Clarificado este punto, Rendueles divide su ensayo en dos partes en las que analiza los tópicos en los que ha incurrido ese ciberutopismo, en primer lugar, y los errores/dejaciones que las propuestas anticapitalistas han cometido en su abordaje del siglo XXI, en segundo.

La primera parte analiza cuestiones tan controvertidas (y cargadas de demagogia) como el copyright, el trabajo colaborativo en internet y los bienes comunes. El autor estudia la aparición de propuestas alternativas, tales como las iniciativas copyleft, o los movimientos a favor del software libre, para conectarlos y relacionarlos con la actividad comunitaria entendida en un sentido social. Uno de los aspectos más interesantes de este apartado es el referente a las distinciones que se establecen entre altruismo y cooperativismo: aunque pueda parecer que la colaboración en Internet es desinteresada, los lazos que se establecen carecen de cohesión al estar basados en un impulso hedonista (la satisfacción propia al contribuir a algo), amén de estar depauperados por un entorno mercantil que se aprovecha de la “buena voluntad” de los voluntarios (que crean un escenario que reproduce intereses capitalistas; por ejemplo, subtitulando series que se comercializan en los canales mainstream…).

Lo interesante no es tanto que de hecho no haya compromisos normativos fuertes en Internet, como que parece que hay buenas razones para pensar que no puede haberlos de forma sistemática. [...] El coste a pagar por la combinación de independencia y cooperación características de Internet es que no puede ser un polo de autogobierno en sentido fuerte.
Así, no queda más que afirmar que «Internet es la utopía postpolítica por antonomasia» y que está fundamentada en «la fantasía de que hemos dejado atrás los grandes conflictos del siglo XX». La cantidad de ingente de información a la que nos exponemos, en lugar de desarrollar el impulso de actuar (de forma pública y social, es decir: política), nos satura con opiniones que sólo nos llevan al aplazamiento de nuestra implicación en la vida que nos rodea. Y el colofón final del autor es contundente:
El ciberfetichismo y la sociofobia son las fases terminales de una profunda degeneración en la forma de entender la sociabilidad que afecta decisivamente a nuestra comprensión de la política. Creemos que podemos satisfacer nuestra necesidad natural de contar con otras personas, no sólo para sobrevivir sino en la configuración de nuestra identidad, mediante relaciones granulares y limitadas. [...] El precio a pagar es la destrucción de cualquier proyecto que requiera una noción fuerte de compromiso.

No lo duden: Sociofobia es un ensayo imprescindible por muchos motivos; pero, sobre todo, porque su lectura nos abre la mente a un universo de posibilidades que, por desgracia, las nuevas tecnologías nos hurtan. Háganse con él ya.

viernes, 18 de octubre de 2013

Getafe Negro 2013

El Ayuntamiento de Getafe organiza una nueva edición de Getafe Negro, el festival de literatura policiaca dirigido por el escritor Lorenzo Silva que se celebra en la localidad madrileña del 17 al 27 de octubre.

Calles, plazas, bibliotecas y centros culturales de Getafe y Madrid se convierten durante 10 días en escenarios del crimen. Afortunadamente, los delincuentes que ahí camparán a sus anchas son personajes de ficción.

Un año más, Getafe Negro lleva al público encuentros, charlas, mesas redondas, presentaciones, música, teatro y un ciclo de cine relacionados con el mundo de la novela policiaca. Entre sus invitados están los escritores españoles Andreu Martin, Juan Madrid, Jordi Sierra, Reyes Calderón y Marta Sanz.
La edición de este año aborda, además, la relación entre fútbol, dinero y literatura, estableciendo también argumentos contra la corrupción.
El festival acoge también la entrega del Premio José Luis Sampedro, que reconoce a una figura destacada por su trayectoria literaria y humanista. Además incluye un concurso de microrrelatos y una yincana.

Francia, país invitado

El espíritu de Getafe Negro tiene sabor internacional. Este año será Francia el país homenajeado, donde la novela negra ha arraigado con mayor tradición y generado algunas de las mejores obras del género. Su literatura y su exitoso modelo cultural serán analizados y presentados al público asistente al festival.
Para dar testimonio del buen hacer de los galos en el campo de la novela negra, el festival trae a escritores como Fred Vargas, Didier Daeninckx, Dominique Manotti o Bernard Minier.

jueves, 17 de octubre de 2013

La vida cuando era nuestra

No todas las historias de la postguerra española se convierten en tragedia, queda siempre la esperanza de esa tenue luz que ilumine el camino, sobre todo cuando alguien esgrime la frase “añoro la vida cuando era nuestra” como un firme y vehemente deseo de sobrevivir. 

Era una vida llena de ilusiones, hecha de libros en su pequeña editorial y de charlas de café, de siestas lánguidas y de proyectos para construir un país, una España, que aprendía paso a paso, y en plena República, las reglas de la democracia. Pero un día de 1936 ese vivir se convertiría en una auténtica resistencia y, quince años después de todo aquello, a los protagonistas de esta historia, solo les quedan los recuerdos y una pequeña librería de viejo, escondida en uno de los barrios antiguos de Madrid, donde Lola y Matías, su marido, acuden cada mañana para vender y cambiar novelitas románticas, clásicos olvidados y gomas y lápices de colores a quien se acerque por su modesto establecimiento. Es aquí, en ese lugar modesto, donde una tarde de 1951 Lola conocerá a Alice, una mujer que ha encontrado en los libros su razón de vivir y la historia de ambas se confunden en el Madrid triste y sombrío de la postguerra española.

Marian Izaguirre (Bilbao, 1951) ha escrito en La vida cuando era nuestra (2013), una segunda novela titulada La chica de los cabellos de lino que, un día, Alice y Lola, empiezan a leer para satisfacer una reclamo publicitario de Matías, su marido, que deja un libro abierto sobre un atril, en el escaparate de su librería, sobre el que van pasando las páginas a diario para que los visitantes vayan leyendo esa curiosa historia. Y eso es que lo harán ellas, desentrañar, página a página, las vivencias de la pequeña Rose en la Francia e Inglaterra de preguerra, y como se mueve entre la campiña francesa, el lujo inglés, las mansiones, fiestas, lujos y extravagancias que le llevan a conocer una suerte de vida diferente y, por añadidura, la tragedia y la desgracia. 

Mientras no deja de preguntarse quiénes serán sus padres, otro de los misterios a develar en esta historia. Al mismo tiempo, Lola va confiando en su extraña amiga a quien empieza a confesar la suya personal, que a medida que se suceden las páginas se convierte en ese auténtico relato paralelo, y muestra esa otra cara que nos quiere ofrecer Marian Izaguirre, el dolor de la trágica sociedad española y la intrahistoria de muchos de los anónimos protagonistas que tanto perdieron, y se vieron obligados a sobrevivir en las medidas de sus posibilidades, afrontando un futuro incierto y aterrador.

La vida cuando era nuestra es un homenaje a la lectura, pero es sobre todo la historia de dos mujeres, una que poco sabe de la vida y otra que quizá sabe demasiado, aunque no pueda hablar. Entre estas miradas cómplices anda el talento literario y la sorpresa lectora de Marian Izaguirre.

Crítica: Pedro M. Domene

lunes, 25 de febrero de 2013

Meridiano de sangre


Asomarse a McCarthy tiene peligro, asomarse a Meridiano de sangre a pelo es prácticamente un suicidio. Valga como aviso; Meridiano de sangre no es una novela con la que descubrir a McCarthy.
Una visión dura y violenta de la humanidad, primaria.

La novela tiene 345 páginas. McCarthy es tan áspero escribiendo, tan poco descriptivo, inexpresivo y frío que el lector ha de imaginarse muchas escenas de la novela. El tiempo es relativo en esta novela, pasa velozmente mientras los protagonista cabalgan en ponis o en caballos, para, en la siguiente acción, pasar lentamente mientras suben una montaña o acampan en chozas abandonadas; y vuelve a pasar rápidamente al seguir el rastro de los salvajes o al organizar una matanza en un campamento indio, para languidecer de nuevo sentados en plena noche a la luz de un buen fuego. La escritura de McCarthy es extraña, con frases cortas y pocos diálogos marcados, la novela es oscura y sumamente violenta.

Conocemos a un chico, del que sabemos una pequeña pincelada de su pasado, que vaga por tierras áridas y desiertos sobreviviendo de pequeños trabajos o robos. El chico es violento, no habla demasiado y es americano. Se pelea con frecuencia y es capturado por unos mejicanos y obligado ha hacer trabajos penosos como recoger excrementos humanos junto a otros presos americanos. Durante ese episodio llegan al pueblo Jinetes americanos de apariencia salvaje, semidesnudos, con restos humanos a modos de trofeos y fuertemente armados. El y dos mas deciden unirse a ellos, el fin del grupo es dar caza a lo indios. Asesinatos, violaciones, persecución, el fin es acabar con los salvajes, decapitaciones entre los jinetes del grupo, abandonos, fugas, todo sucede sin el mas mínimo reproche, sin apenas palabras. 

La estrella del grupo asesino es el juez Holden un hombre frío y calculador, que sabe moverse muy bien en todos esos parajes y que guía al grupo a la caza de los indios, un ser despiadado que bien podría encarnar al mismísimo diablo.

McCarthy deja al imaginativo del lector un montón de datos sobre toda la historia, sabemos los nombres del grupo de jinetes, pero no así el del protagonista, al que llama el chaval o el chico, tampoco sabemos en que año o años transcurre la novela, y tan solo se citan algunos lugares y pueblos. Apenas hay referencias de ninguna época, auque podríamos situarla en el salvaje oeste durante  principios del siglo diecinueve en alguna frontera entre Méjico y Estados Unidos. En conjunto la novela me ha parecido escasa en información, muy esquemática y no he conseguido entrar en ella, McCarthy carga las frases de adjetivos difíciles y de frases algo complicadas de asimilar, llegando a desesperar al lector en numerosas ocasiones. Por desgracia no me he sentido con animo para terminar la novela, a falta de escasas 100  páginas, he abandonado el libro.
No es un abandono definitivo, es una pausa. Para esta novela hay que tener una cierta predisposición, sobre todo anímica, que no me acompaña en este momento. Bloom se leyó esta novela al cuarto intento, así que como veis no es ninguna bobada.

Para muchos McCarthy es un genio, y esta novela, es de lo mejor que se ha escrito nunca. McCarthy es un buen escritor. No he conseguido seguir el juego que McCarthy nos propone, aunque soy consciente que la novela posee un aura fantástica de Western maldito, de novela apocalíptica que la confieren como una novela única y personal, como una apuesta para aquellos que estén preparados para asomarse al mismísimo infierno. Hace ya tiempo que, aunque me de una rabia terrible, no me cuesta dejar un libro a medias. Quizá mas adelante la brusquedad de McCarthy me sea menos hostil.


miércoles, 6 de febrero de 2013

BCNegra: Barcelona criminal


Como cada febrero desde hace 8 años, el festival de novela negra de Barcelona, BCNegra, colorea (de negro) la capital catalana estos días y se convierte en el Edén de todos los aficionados a la novela negra. Más de 60 actividades gratuitas se han programado en esta edición del festival BCNegra, del 1 al 9 de febrero, en las que destacan los nombres de autores tan apetecibles como la ganadora del VIII Premio Pepe Carvalho, Maj Sjöwall, Andreu Martín, Javier Cercas y Lorenzo Silva.



A pesar de haber sufrido un recorte de presupuesto de un 6% (de 100.000 euros ha pasado a 95.000), BCNegra cuenta con un buen cartel, con varios puntos fuertes, entre ellos, el deseado reencuentro de los lectores con Martin Beck, el policía creado por Maj Sjöwall y Per Wahlöö (auténticos fundadores de la novela negra europea moderna), o las reediciones de Simenon y su comisario Jules Maigret y de las novelas de Carvalho, precisamente cuando hace diez años que lloramos la muerte de su padre, el gran Manuel Vázquez Montalbán.

Entre las actividades programadas, llaman también la atención el encuentro con los mossos d’esquadra, que mostrarán la primera ficha policial jamás redactada, o el “negrocriminalograma” creado por Màrius Serra, que el público participante en su convocatoria tendrá que resolver… Y muchos nombres más que, seguro, atraerán a un buen número de lectores: Carlos Zanón, José Luis Correa, Anne Holt, Antti Tuomainen, Unni Nele Neuhaus, Alicia Giménez Bartlett… Se sentirá, en cambio, la ausencia de Francisco González Ledesma y Andrea Camillieri, que finalmente han tenido que anular su visita a Barcelona por problemas de salud. 

FUENTE: Estandarte.com

lunes, 4 de febrero de 2013

Hablar solos


«No fue triste. Dispersé sus cenizas y reuní mis pedazos»…

Si en algún momento se ha preguntado usted cómo son las «despedidas de verdad», aquellas que no tienen vuelta atrás, las que jamás se suavizan con la posibilidad de un regreso, Andrés Neuman tiene la respuesta.
Él las define como «fuera de lugar, torpes».


Y no han de ser de otra manera si nos atenemos a lo expuesto en este corolario a tres voces. Un tríptico que narra la vida desde tres planos bien diferentes. El del hijo de diez años, Lito, con la inocencia y la urgencia de la temprana edad, una prisa nerviosa; el de la madre, Elena, pausado, causativo, con la sensatez resultante de soportar los embates de la vida; y por fin el del padre, Mario, atribulado, sincopado, quitándose la palabra, iniciando una explicación que será velada por la idea siguiente, que atropella su previa claridad expositiva. Y siempre en primera persona, como confidencias o reflexiones en voz alta. No, en voz alta no; en voz baja. Un susurro es la narración entera. Y las voces ocupan todos los tiempos: Lito es el presente que ansía rebelarse; Elena es el futuro que se vislumbra incierto; y Mario es el pasado, el mirar atrás como opción más feliz que tender la vista al frente. Tres voces como tres recursos: la primera fustiga con su período corto, asfixiante al orlarse de modernidad con las abreviaturas que el hijo usa en los sms que envía a su madre; la segunda es una lluvia que empapa hasta hurgar lo profundo del alma; la tercera carece de ánimo para enfrentarse al devenir, es una huida a ninguna parte.

Aquí la descarnadura se hace visual hasta dañar: «Cuando entro en su habitación, vestida con la ropa que le gusta, peinada para él, siento que me mira con rencor. Como si mi agilidad lo ofendiera. ¿Cómo estás, mi amor?, lo saludé esta mañana. Aquí, muriéndome, ¿y tú?, me gruñó»… Crudo, pero irrefutable: si un estado de ánimo condiciona una respuesta, ¿qué no ha de hacer una enfermedad?

Respuestas… y preguntas. Podríamos hacernos muchas (y hacérselas a él) sobre la sorprendente capacidad narrativa del escritor. Yo me quedo con una que me sobrecoge y pasma a la vez: ¿por qué sabe tanto Andrés Neuman de la psique de la mujer? ¿Está en lo cierto cuando ahonda en lo intrínseco y trae a la luz esas interioridades recónditas de una chica, su modo de sentir, sus anhelos y motivaciones? ¿Cómo ha logrado descifrar ese lenguaje? ¿Será envidia lo que siento? Quiero pensar que no. Es profunda admiración ante su fértil observación de las féminas y esas introspecciones que considero tan atinadas. No sólo en esta obra en particular, donde borda la mente de Elena, sino a lo largo de su producción literaria (que conozco desde la deliciosa La vida en las ventanas, una sorpresa para mí, y que tuve la fortuna de reseñar hace años para el periódico Heraldo de Aragón). Porque, no nos engañemos, Elena vertebra este trocito de vida en forma de novela, le da consistencia hasta ser el vórtice de una vorágine, la que reflexiona sobre lo trascendente, la muerte y el amor… o sus respectivos antagonismos: el sexo y la vida.

¿Lo he formulado al revés? Me da que no… Pido perdón si me he equivocado.





Esta obra, engalanada con un primoroso armazón literario (expuesta incluso a la comparación frente a textos de otros autores), con deje otoñal, está muy bien trazada hasta su epílogo, largo y empero tan armonioso que ni se nota, fácil de leer porque despierta el interés del lector por su trama y porque le ayuda con la ya referida abundancia del uso de frases breves, donde cada una contiene una máxima, una razón para seguir vivo.
Así es. Que a ningún lector se le oculte que aunque la muerte ronda a quienes se dedican a Hablar solos tras la visita del infortunio, hete aquí un catálogo con las razones para vivir. Y para no estar solo.
A menos que uno quiera, claro…

Amadeo Cobas (estandarte)

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El tango de la guardia vieja

Si la literatura es una forma de evadirse de la realidad, de escapar de lo cotidiano, El tango de la guardia viejaes el mejor billete de ida y vuelta que encontrará a día de hoy en las librerías. Un viaje en el tiempo, la historia de una pasión, el relato de un pícaro, un vividor, un perdedor enamorado de una bellísima mujer, independiente, atrevida e inteligente.

La historia de Max Costa y Mecha Inzunza, es la crónica de una historia de amor imposible, de sexo, de espías, de un ladrón de guante blanco y un collar de perlas, de odios y rencores, pero por encima de todo, un relato sensacional sobre el paso del tiempo y su devastador resultado, sobre las arrugas que este deja en la piel y en el alma.


Novela excepcionalmente documentada, un derroche de sobriedad narrativa, con diálogos soberbios que además de dar voz a la historia, dan continuidad y permiten que la trama avance, magníficamente ambientada, y como ya es marca de su autor, con un extraordinario dominio del lenguaje al alcance de muy pocos. 


Pérez-Reverte, nos hace entrega, además, de su novela más visual, la más cinematográfica, en la que música y moda juegan un papel muy destacado y se convierten en personajes secundarios imprescindibles. (Leer El tango de la guardia vieja en eBook y ampliar información sobre la época, los trajes y vestidos, y sobre cantantes, canciones y música, logra sumergirte en la historia como pocas ficciones consiguen).


Terminar el relato es concluir un viaje, un hipnótico e inolvidable viaje al arrabalero Buenos Aires de finales de los años 20, a la incertidumbre y los rencores de la Riviera en el 37, y al glamur de la costa Amalfitana de mediados de los 60. Pasar la última página provoca en el lector la sensación de abandono, de volver a estar solo, de perder definitivamente y para siempre el contacto con un amigo, el chófer del doctor Hugentobler, un amigo que una vez hace muchos años, mientras tomábamos un Negroni en el bar Fauno, nos contó el relato de su vida y su maravillosa historia de amor con una mujer, Mercedes Keller, la madre del gran y joven maestro chileno del ajedrez.


Ya solo queda abandonar la habitación del Grand Albergo Vittoria y emprender, sin Max, el viaje de regreso a casa…


Sin ninguna duda la mejor novela de Arturo Pérez-Reverte. Soberbia. 


José Luis Ramírez (Quelibroleo)


miércoles, 31 de octubre de 2012

Cenital

¿Y cómo vengo yo a recomendar este libro? Con la que está cayendo, con el mal cuerpo que se le pone cada día a cualquier ciudadano medianamente consciente cuando repasa las noticias, y les pido encarecidamente que lean Cenital. Un libro en el que Emilio Bueso se pone el disfraz de profeta apocalíptico sin concesiones, en el que recoge todos los fantasmas que entrevemos con el rabillo del ojo y los combina para producir casi 300 páginas demoledoras, sin fisura para la esperanza. Pero mi recomendación tiene dos anclajes sólidos: en primer lugar, el libro es bueno. 

Tal vez una de las cinco mejores novelas españolas de ciencia ficción de la historia, aunque con el veredicto en parte pendiente a causa de la estrecha relación con la realidad actual de la historia. En segundo, creo que es positivo que, en el contexto actual, todos seamos ciudadanos lo más conscientes posible. De lo que nos jugamos, de quiénes somos en el fondo de nuestras tinieblas, de donde podemos ir si un buen día se terminan todas las razones para que los ricos den trabajo a los obreros, los bancos presten dinero a los ciudadanos o los gobiernos cuiden de los desvalidos. 

Vale, quizá no debería haber escrito esto. La novela se estructura en capítulos de distinta naturaleza: unos son simples discursos que su protagonista, Destral, fue colocando en su web en el proceso hasta la creación de su ecoaldea independiente, Cenital, en busca de socios que compartieran su visión de la caída de la sociedad por la crisis económica y el agotamiento del petróleo. Otros capítulos son descripciones de esos compañeros, todos conocidos por sus nicks de internet, y cómo se fueron incorporando al proyecto. Finalmente, se intercala un argumento central, que en rigor apenas ocupa un tercio del relato: un posible ataque exterior para hacerse con los modestos recursos acumulados por el poblacho de Cenital, que nos sirve también para conocer la forma de vida sostenible, pero repleta de limitaciones, que desarrollaron sus miembros. Bueso se arma para todo ello de una documentación amplia que distribuye sin fatigar, y exhibe con inquebrantable convicción. 

Sus personajes protagonistas son sólidos y guardan secretos para el final que les enriquecen aún más en el recuerdo; los secundarios demasiado tremendistas los dosifica para no perder verosimilitud por sus excesos. Y es en particular encomiable que para la resolución guarde una bomba de cinismo que aleje cualquier tentación de señalar su discurso como maniqueo, cuando es sobre todo misántropo, nihilista. Debo reconocer que una y otra vez, como lector, se me planteaba la comparación de Cenital con la mejor novela sobre el fin del mundo jamás publicada: La carretera, de Cormac McCarthy. No cometeré el exceso de poner a Bueso a la altura de un libro que, posiblemente, sea el más relevante que se ha publicado en lo que va de siglo en cualquier género literario. Sin embargo, me gustaría señalar que los aciertos principales de McCarthy —a sugerencia, la incertidumbre, el intimismo— son cualidades que han sido deliberadamente desdeñadas en la elaboración de Cenital, convirtiendo su redacción en un tour de force con dificultades adicionales. Cenital es un documento en el que, cosa infrecuente en la ciencia ficción, todo está explicado, y en el que por tanto no conseguimos la magia de McCarthy de temer visceralmente por los personajes, sino que lo hacemos sobre todo por nosotros mismos como eventuales protagonistas de los mismos acontecimientos. 



Tal vez las dos novelas se desarrollen en el mismo mundo, en distintos lugares y momentos; pero McCarthy buscó —y obtuvo— sobre todo un efecto literario gracias a un escenario, mientras que Bueso se arriesga a resultar menos sofisticado al ser más explícito, y alcanza con ello un objetivo totalmente distinto. El problema ante una novela tan demoledora como Cenital es que resulta tentador recibirla con una risita nerviosa y apartarla de la vista con el gesto que reservamos a los orates. 

Es insensato pensar que la literatura prospectiva puede tener una función profética; pero sí forma parte de su naturaleza, en el caso de sus obras más trascendentes y socialmente pertinentes, el carácter admonitorio, que estaba en el trasfondo de 1984 o Todos sobre Zanzíbar como lo está en el de Cenital. Si lo que aquí va a leer le resulta exagerado, envíese un email a su yo de 2007 con un pequeño informe de la situación en las últimos semanas. A lo mejor, desde esa perspectiva, ya hemos recorrido una cuarta parte del camino, tranquilamente. Y para evitar los accidentes, nada mejor que tener una visión clara de las posibles rutas que aguardan por delante, ya que los medios de comunicación y los políticos se empeñan en cambiar la señalización a cada soplo de viento de los auténticos poderes.


Crítica por: Julián Díez / Latormentaenunvaso

martes, 9 de octubre de 2012

Bioy


Llega este libro a casa con una nota de prensa* mordida entre sus páginas. En realidad es un completo dossier en el que se anuncia que Bioy, del escritor peruano Diego Trelles Paz (1977), es la novela ganadora del premio Francisco Casavella 2012. No faltan tampoco las frases laudatorias de rigor. Trelles, dicen, es Mario Vargas Llosa si éste tuviera treinta años. Por fin, exclama el dossier, aparece un heredero digno de Bolaño. Llega este libro a casa, decía, con esta guarnición y automáticamente desconfio.
Creo que a estas alturas el marketing ya no nos puede pillar por sopresa. Al revés, suele tener un efecto contrario al que se busca: un exceso de adjetivos, de alabanzas de escritores consagrados, me provoca, en general, la huida. Me sorprenden siempre las ediciones americanas porque no suele faltar en las portadas una frase impactante y entrecomillada. Me gustan las portadas que atraen por un diseño trabajado o a las que llegas por el azar. Y en general compro libros recomendados por otros lectores (amigos o profesionales). Sin embargo, con tantos libros publicados al año es difícil que una editorial deje nada a la suerte o al boca a boca. De ahí, las fajas en rojo recordando que el libro va por la decimoquinta edición. Pero al ser un escritor joven al final puede más la curiosidad y un poco, lo reconozco, la mala baba. Descubramos, desenmascaremos al heredero de Bolaño.
Y lo cierto es que Trelles se ha cargado los prejuicios con su prosa pulida y afilada, y con una trama que se va revelando a trozos y en boca de distintos personajes. Quizás es ahí donde surja tímidamente el Bolaño de ‘Los detectives salvajes’, en esas voces como fichas que al final se unen perfectamente en un puzle. Ese es un primer punto a favor: sí, la novela está bien cocinada y Trelles nos la sirve en su punto, todavía rosada, aunque deconstruida, como parece que mandan los tiempos. Se mastica con facilidad.
‘Bioy’ está dividida en cuatro partes pero casi todo gira en torno a la tortura de una mujer por un comando militar en plena lucha en Perú contra Sendero Luminoso. Hay saltos en el tiempo, de un personaje a otro. Trelles cambia de registro, pasa de la primera a la tercera persona, usa recursos cinematográficos y hasta imita la escritura de un blog. Hay violencia y poco sitio para las concesiones. Hay, inevitablemente, un juego metaliterario final. ‘Bioy’ quiere ser, ante todo, un ejercicio de estilo.
Se agradece el esfuerzo y en la mayoría de ocasiones sale airoso. Especialmente lograda me parece la segunda parte, más lineal y sencilla, más clásica: el diario de un policia infiltrado en una banda de narcos. Es donde mejor respira la novela. Quizás tanta fractura pese y se traduzca en la falta de entidad (por falta de espacio) de algunos personajes. Alguna página más creo que no hubiera sobrado.
A ese primer peso la añadiría otro: la tercera parte no acaba de cuajar porque es otra cosa completamente distinta. La novela frena y se mete en una farragosa sucesión de artículos (formato blog) en los que se habla de literatura y de sexo. Sí, están escritos por un personaje fundamental, pero son como un objeto extraño en las tripas de la novela. Y molesta. Da la impresión de que Trelles necesitaba meter algo de enjundia para darle peso a su novela policiaca. Creo que no hacía falta, creo que son unas páginas que se podían haber aprovechado para apuntalar el resto de personajes, especialmente la figura de Bioy.
Dicho esto, ‘Bioy’ es una novela conseguida, que se mantiene a flote, y Trelles un escritor que apunta maneras. Tendrá tiempo de demostrarlo. En mi caso, además de hacerme pasar un buen rato, ha conseguido que desconfíe un poco menos (sólo un poco) de las fajas de colores y de las frases entrecomilladas.

papelenblanco.com

martes, 11 de septiembre de 2012

Las fuentes del afecto


Aunque Maeve Brennan (Dublin 1917 - Nueva York 1997) fuera hija de embajador y viviera durante casi toda su existencia bajo la protección del glamour neoyorquino, consigue en Las fuentes del afecto que su mirada sobre los aspectos más sórdidos de su país y, también, sobre los rincones más tenebrosos —y, por otro lado, frecuentes— de la naturaleza humana sea absolutamente creíble. Además logra un libro unitario pero no monótono: los relatos que componen este fresco de la vida irlandesa son sin duda parecidos pero resultan complementarios, tanto como lo son las novelas de Faulkner. 

Es decir, Brennan crea un mundo (aunque sin pretensiones de totalidad), habitado por personajes que deben confrontar la vida, eludiendo así la monotonía (uno de los mayores peligros del libro de relatos). Son textos escritos por una voz similar, aunque ni mucho menos idéntica. Son relatos que podrían calificarse como costumbristas y tal vez lo sean pero su costumbrismo es similar al de su compatriota James Joyce, un costumbrismo que logra la universalidad porque sus personajes, aunque no vivan historias insólitas y habiten en la cotidianeidad —muchas veces sórdida, muchas veces sorprendente pero siempre cotidianeidad— son al mismo tiempo complejos y universales y transmiten sentimientos complejos y asumibles como propios por la mayoría de los lectores. Sentimientos, además, mostrados con una sencillez asombrosa, pese a que en muchos casos rocen la atrocidad. 

Así comienza el relato titulado "El ahogado": «Cuando su esposa murió, el señor Derdon estaba ansioso de entrar en el dormitorio de ella, mirar a su alrededor con la puerta cerrada y sin nadie mirándolo ni preguntándole cómo se sentía. No era ansiedad, ni pesar, ni ninguna sensación dolorosa, ni anhelo o añoranza, aquello que le llevaba a la habitación, sino pura curiosidad».

Como parece obvio, la sencillez de la prosa de Brennan no debe confundirse con simplicidad o estupidez. Es la suya una prosa nítida, que no cae en alardes innecesarios y cuya falta de aparente carácter permite que mantenga la frescura durante todo el libro. Es esa habilidad para mirar y encontrar sentido donde muchos no hallarían nada es lo que confiere auténtico carácter, auténtica distinción, a su prosa, lo que la distancia de otros cientos de historias irlandesas. Podría denominarse una mezcla de precisión y de humanidad. Y de falta de consideración con las convenciones sociales, con aquello que damos por hecho. Por otro lado, no es un libro protagonizado por la expresividad, ni por las descripciones pero cuenta con un excelente correlato objetivo: contemplamos con nitidez absoluta la ciudad, ese Dublín inhóspito, gris y lluvioso, lleno de polvo y vejez, muy similar al de Joyce.

No solo la inmarcesibilidad de los sentimientos concede actualidad a este libro: En estos relatos la precariedad posee una carga más que considerable. Una precariedad europea, próxima, pese al transcurso de las décadas, a la que sufren millones de españoles.

Crítica por: Recaredo Veredas / Latormentaenunvaso

sábado, 25 de agosto de 2012

Un mundo "feliz"

En este libro visionario escrito en 1932 por Aldous Huxley, imagina una sociedad que utilizaría la genética y el clonaje para el condicionamiento y el control de los individuos.

En esta sociedad futurista, todos los niños son concebidos en probetas. Ellos son genéticamente condicionados para pertenecer a una de las 5 categorías de población. De la más inteligente a la más esúpida: los Alpha (la élite), los Betas (los ejecutantes), los Gammas (los empleados subalternos), losDeltas y los Epsilones (destinados a duros trabajos).

"Un mundo feliz" describe también lo que seria una dictadura perfecta que tendría la apariencia de una democracia, una cárcel sin muros en el cual los prisioneros no sonarían en evadirse. Un sistema de esclavitud donde, gracias al sistema de consumo y el entretenimiento, los esclavos viven en una "jaula de oro"...

En uno de los diálogos del libro entre el Administrador general y uno de los raros disidentes, Huxley había imaginado perfectamente los principios del control social moderno...

"- La población optima esta sobre un modelo de Iceberg: ocho de nueve partes debajo de la línea de flotación, y una de nueve partes por encima.

- Y ellos son felices, debajo de la línea de flotación? En detrimento de este horrible trabajo ?

- Ellos no lo encuentran como tal, ellos. Al contrario, les gusta. Es ligero, y es de una simplicidad infantil.

Sin esfuerzo excesivo ni de espíritu ni muscular. Siete horas y media de un trabajo ligero, nada cansador, y enseguida la ración de soma (antidepresivo ficticio), deportes, copulación sin restricción, y el Cine Sentido (manipulado).

Que más podrían ellos pedir ?"

"- El mundo es estable actualmente. Las personas son felices; ellos obtienen lo que ellas quieren, y ellas no quieren jamás lo que no pueden obtener. (...) Ellas están condicionadas de tal manera que, prácticamente, ellas solo pueden portarse como se debe. Y si por casualidad algo no van bien, tenemos el soma.

Tenemos que escoger entre la felicidad y lo que llamábamos antes el gran arte. Hemos sacrificado el gran arte. En su lugar tenemos el Cine Sentido y el órgano de perfumes..

- Pero no tienen ningún sentido !

- Ellos representan para el espectador un montón de sensaciones agradables. (...) Esto exige la habilidad más grande. Fabricamos coches





"- No es solo el arte que es incompatible con la estabilidad. Hay también la ciencia. La verdad es una amenaza, y la ciencia es un peligro publico. Estamos obligados de tenerla cuidadosamente encadenada y amordazada. (...) Ella nos ha dado el equilibrio el más estable de la historia. Pero no podemos permitir a la ciencia deshacer lo que ella ha acometido. He aquí por que limitamos con tantos cuidados el campo de sus investigaciones. Le permitimos de ocuparse solo de los problemas los más inmediatos del momento. Todas las demás investigaciones son cuidadosamente desmotivadas
."


Aldous Huxley, "Un Mundo Feliz"
Pero claro, esto es "sólo" una novela de ciencia-ficción.


jueves, 23 de agosto de 2012

España levanta el puño

España levanta el puño. Palabras al borde del abismo
Pablo Suero
Edición de Víctor Fernández e introducción de Andrés Soria Olmedo. Barcelona: Papel de liar, 2009



El periodista Pablo Suero le pide a Indalecio Prietosu pronóstico para las inminentes elecciones, las de febrero de 1936. Y el socialista, con una franqueza desusada por los políticos, responde: “No quisiera desacreditarme como profeta. No sé. […] Yo no estoy en contacto con la gente, sino que me relaciono con muy pocas personas, y esas, afectas a mi ideología. Me falta la sensación que se percibe en la calle, ese algo indefinible que le permite a uno orientarse y vaticinar”. Precisamente para auscultar el sordo rumor de la calle había viajado a España el periodista Pablo Suero, para auscultarlo y transcribirlo en las crónicas que envió al diario bonaerense Noticias gráficas.
El periodista entra en el ágora de los madrileños, —el Lyon, el Acuárium, el Negresco, La Granja del Henar, los cafés para la cafeinomanía a peseta y veinticinco céntimos y la tertulia de los infatigables arbitristas—; describe las boinas inclinadas, los impermeables multicolores y las katiuskas de las muchachas que estudian Filosofía y Letras, las mantillas negras que pasean por las calles aristocráticas de Serrano y Salamanca, y también a los desarrapados de los barrios proletarios; se topa con la marquesa preocupada por tutelar el voto de su criada; camina por las aceras tintadas con la sangre de los vendedores de periódicos de izquierda y de derechas; acude a los actos de propaganda electoral, todavía en el tiempo en que la fuerza de un partido se podía calibrar contando el número de convocados por la oratoria mitinera de su líder; se hace eco de lo que todo el mundo sabe, que la Falange contrata a pistoleros a sueldo; hace notar que el acuartelamiento jesuítico de Herrera Oria ha inspirado la inmensa sábana de papel desplegada por la CEDA en la Puerta del Sol, donde Gil Robles se ofrece como nuevo mesías; en realidad, escucha por doquier el insulto soez que chillan los carteles que forran la ciudad reclamando el voto y agitando las conciencias; lee los periódicos y, en ellos, las palabras convertidas en clichés.
Este “cuadro de síntomas” que las crónicas de Pablo Suero van dibujando se completa con las entrevistas a escritores y políticos. Ratifican y amplían el descubrimiento que hizo ruando: “El viejo mundo oscila entre Moscú y Roma”. Unos alzan el puño bien apretado en escrupulosa obediencia a la ortodoxia comunista y los otros, extienden la palma de la mano, perfecto apéndice del brazo que adopta la exactitud de la trigonometría fascista del ángulo de 40°. Son pocos los que se mantienen apartados de las disciplinas gregarias y menos aún los que conservan la fe en los “regímenes de sustancia liberal y democrática”. Jiménez de Asúa invita al periodista a sentarse en su último capricho, una sillería isabelina, y acomodado sobre la rancia tapicería le escucha decir: “Creo que la democracia ya no tiene función. […] Fue un error volver a consultar a la masa después de la instauración de la República. Debieran haberse dejado pasar doce años por lo menos…”. José Antonio Primo de Rivera proclama: “Falange Española quiere un orden nuevo. Para implantarlo, en pugna con las resistencias del orden vigente, aspira a la revolución nacional. Su estilo preferirá lo directo, ardiente y combativo”. Y Largo Caballero sonríe antes de afirmar secamente que aguarda la coyuntura propicia para la revolución social: “Una guerra, una debacle económica que no está lejos”. La peste de esa fe que toma por “sano, alegre, hermoso y lícito el ejercicio de la violencia”, escribe Suero, se ha contagiado; ningún cordón sanitario ha obstado el triunfo de la literatura de la brutalidad. Paulino Masip le cuenta al periodista que, mientras, Manuel Azaña bien puede andar enfrascado en disquisiciones bizantinas, literalmente, porque ya en otros días de desazón para la República lo había sorprendido en su gabinete reconcentrado en la lectura de una historia de Bizancio.
Las piezas periodísticas de Pablo Suero fueron recogidas en el libro España levanta el puño, publicado en Argentina en 1937. Para entonces, no era preciso afinar el oído para captar los velados murmullos con los que se expresa un tiempo: atronaba la elocuencia de las balas, la retórica de la guerra se veía satisfecha al contemplar consumados los designios de la muerte y el enojoso rodeo de ejecutar el asesinato en carnes vicarias había sido abolido. El periodista evoca la tarde del 16 de febrero de 1936 en la redacción del diario La Voz, donde aguardó con ansiedad los resultados electorales. Y se pregunta si en aquella velada alguien, entre todos los reunidos, intuyó lo que estaba por venir: “No. Ni Paulino Masip ni Bagaría ni [Paco] Madrid ni yo esperábamos ver a España sacudida por tan hondo desgarramiento, aun cuando la intransigencia feroz de la extrema derecha nos hiciera esperar días sombríos”. Suero no oculta la estupefacción por tal ceguera, más cuando en la relectura de sus propias crónicas encuentra inequívocos augurios. En efecto, su propia mano colocó todas las piezas y podemos ver la estampa que ofrece el puzle perfectamente ensamblado. Pero tal capacidad nos es dada hoy, cuando sabemos que hubo un 18 de julio. Quizá convenga la resignación y admitir que el periodismo, incluso el mejor, es así: escéptico consigo mismo, con sus facultades y con la potencia metafórica de las anécdotas que cosen sus crónicas, definitivamente inútil para ofrecer orientación en el tráfago del presente e inepto profeta para sus coetáneos. Acaso el periodismo esté destinado a encontrar a sus más competentes lectores en los ácaros del polvo que lo asedian en las hemerotecas, para los que vaticina con fiel exactitud un pretérito imperfecto.

Isabel Gómez Rivas (Jot Down Magazine)